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martes, 26 de mayo de 2020

PERDIMOS LA BATALLA Y PERDEREMOS LA GUERRA "Un Análisis Crudo Pero Real"


Los peruanos hemos enfrentado algunas guerras en nuestra historia republicana, y en la mayoría fuimos derrotados. Antes perdimos porque el enemigo tenía mejores armas y mayor número de soldados. Pero esta vez será distinto. Esta vez perderemos por los motivos más absurdos y vergonzosos.

Perderemos porque no aprovechamos una enorme ventaja que tuvimos: el factor tiempo. Cuánto desearían los italianos y españoles haber conocido la magnitud de esta epidemia con la misma anticipación que nosotros. Aquí, gracias a la prensa y las redes sociales, supimos desde enero que algo terrible estaba ocurriendo en China; pero pensamos que estaba demasiado lejos como para que nos alcanzara. Creímos que sería como aquellas epidemias que, de vez en cuando, se desatan en países africanos y nos confiamos en que pronto la ciencia le hallaría solución.

Perderemos porque, cuando llegó a Europa, mantuvimos la confianza en que aún seguía lejos y que tardaría mucho en llegar aquí, a pesar de que todos los días cientos de peruanos van y vienen, y que hacerlo les toma casi el mismo tiempo que viajar en bus de Chiclayo a Lima. Además, nos confiamos en que, si llegaba al Perú, el gobierno nos avisaría inmediatamente. Y así, recién a partir de entonces tendríamos cuidado.

Perderemos porque una vez anunciado el “caso cero” –y cuando el presidente inicialmente recomendó evitar las reuniones masivas– nosotros hasta hicimos colas para parrandear y lo justificamos desdeñosamente diciendo que recién había un solo infectado en el Perú y que la enfermedad mataba solo a los viejitos. Y ahora que el sistema de salud ha colapsado, resulta que se formaron dos largas colas: una donde trasnochamos esperando por una cama de hospital y otra donde pugnamos por comprar cajas de cerveza. Porque ni frente a la más grande calamidad dejamos de lado nuestros vicios.

Perderemos porque no somos como los habitantes de Vietnam, un país vecino de China y que tiene mucha más pobreza económica que el Perú. Allá, el primer infectado se detectó casi dos meses antes que en el Perú; ellos inmediatamente establecieron una cuarentena que funcionó en solo un mes, con unos cuantos contagiados y ningún fallecido a causa del virus. ¿Y por qué funcionó? Pues porque sus habitantes son responsables y disciplinados. No es casualidad que fueran el único pueblo en el mundo que enfrentó una guerra contra los Estados Unidos y la ganó.

Perderemos porque, cuando el gobierno peruano trató de imitar el ejemplo de ese país, nosotros los ciudadanos no tuvimos la capacidad para hacerlo. ¿Por qué? Pues porque somos indisciplinados, desordenados, rebeldes, insolidarios, egoístas, oportunistas, y un largo etcétera. Porque hace tiempo nuestros antepasados alcanzaron un nivel humano denominado cultura Inca; sin embargo, ahora nosotros hemos degenerado hasta un nivel llamado “cultura combi”. Somos reacios a acatar unas simples reglas de prevención e higiene, pero somos efusivos para atacar al gobierno y culparlo del desastre que nosotros mismos provocamos.

Perderemos porque no recapacitamos ni siquiera cuando llegaron videos de Guayaquil, Ecuador, que mostraban a la gente desesperada quemando cadáveres de sus parientes en las calles. Al verlos dijimos: “¡Qué terrible!... Pero no hay problema porque Vizcarra ya cerró la frontera”. Como si la muerte supiera de fronteras. Ahora vamos por ese mismo camino y hacia el mismo escenario, sobre todo en Lambayeque, Loreto, Lima. Entonces, ya es muy tarde, alguno de ellos será nuestro abuelo, nuestro padre, nuestro hermano… o nuestro hijo.

Perderemos porque tenemos miedo de ser contagiados por los muertos, por aquellos cadáveres que ya no respiran ni estornudan ni tosen y, por ende, no expulsan micropartículas de saliva –esas que contienen el virus–. Sin embargo, no tenemos miedo de interactuar con el vecino, con el bodeguero, con el comerciante, con nuestros clientes. Mientras no estornuden, presumimos que no llevan consigo el virus; y creemos que usar una mascarilla equivale a llevar puesto un traje de bioseguridad.
Perderemos porque fuimos al colegio solo a calentar carpeta; ello acarreó nuestra escasa cultura general. Cuando quisieron cavar una fosa común en un descampado de nuestro distrito, nos opusimos enérgicamente a ello argumentando que el virus saldría de los cadáveres, “caminaría” por el subsuelo y brotaría hacia la superficie para infectarnos. ¡Caray! No sabemos siquiera la diferencia entre un virus, una bacteria y una lombriz de tierra. Y probablemente hasta sintamos temor de que los cuerpos despierten como zombis por la noche y vengan hacia nuestras casas a atacarnos.

Perderemos porque creemos en las palabras de una niña, por el simple hecho que ella aseguró haber “conversado” con Dios. En cambio, no hacemos caso a las súplicas de nuestras autoridades, a pesar de que sus recomendaciones provienen de la ciencia. Porque todavía en estos tiempos, en vez de acudir a un médico, le confiamos nuestra salud a un brujo que nos ofrece yerbas, o a un pastor de iglesia solo porque nos asegura que Dios le dio poderes sanatorios.

Perderemos porque cuando fuimos al banco, donde se formaba una cola y la gente aún guardaba cierta distancia, nosotros aprovechamos el descuido de alguien para “zamparnos” en ella. Porque con nuestra viveza y criollada generamos desorden y provocamos que se formaran los peligrosos “trencitos”. Porque para nosotros comprar significa exigirle al vendedor que nos atienda primero e implica apegarnos al mostrador para evitar que otro se nos adelante.

Perderemos porque no somos empáticos. Porque un día enfermamos, nos detectaron el virus y nos ordenaron no salir de casa. Pero, al ver que nuestros síntomas eran mínimos, decidimos abrir nuestro puesto en el mercado y le vendimos nuestros productos al prójimo, quienes de yapa se llevaron el virus. Porque en nuestra farmacia multiplicamos hasta por cinco el precio del alcohol, pese a que las fábricas lo siguen produciendo con normalidad y casi al mismo precio de siempre.

Perderemos porque, una vez finalizada la cuarentena, volveremos a nuestra rutina. Nuevamente abarrotaremos el micro, la combi y el colectivo, con la mascarilla mal puesta y confiando en que el cobrador y el resto de pasajeros estarán sanos. Por prevención, saludaremos y despediremos a nuestros amigos chocando los codos; pero nos jugaremos con ellos una pichanga sin importar que nuestros gases pulmonares se entremezclen dentro de la cancha. Nos reuniremos a tomar unos tragos con ellos, obviamente cada quien con su vaso; pero en una de esas, “sin querer queriendo”, nos contagiaremos y llevaremos el virus a casa.

Perderemos porque, una vez que los restaurantes implementen el sistema de ventas por delivery, confiaremos en que el propietario será riguroso con su personal en la higiene y prevención del Covid-19. Sí, ese mismo restaurante que suele tener como huéspedes a cucarachas y ratas. Pero nosotros, al ver que su repartidor usa gorro, mascarilla y guantes, confiaremos en que todo está bien con la comida que nos llevaremos a la boca.

Perderemos porque pudimos haber ganado esta guerra en menos de un mes. Nuestro aparato económico pudo haber resistido y todas las actividades haberse reestablecido con una mínima recesión. Pero simple y llanamente no quisimos. Preferimos ser los mismos de siempre; quizá hasta peores que nunca. Ahora se nos viene una de las mayores crisis económicas y sociales de la historia. Si antes del coronavirus ya abundaban la informalidad, la violencia y la delincuencia, lo que sigue es más que desalentador.

Perderemos porque, así como en el fútbol, para ganar una copa mundial no basta con mandar al campo once peloteros y pedirles que imiten el sistema de juego de los últimos campeones. Para lograrlo es necesario, además, contar con futbolistas de ese mismo nivel. Entonces, no se trataba de imitar una medida de aislamiento que funcionó en otros países; era necesario que nosotros actuemos como los ciudadanos vietnamitas, chinos, coreanos o japoneses. Pero no tenemos ese nivel cultural; esta vez, como nunca antes, nos hemos comportado como verdaderos peruanos.
Por César Hildebrandt


martes, 19 de mayo de 2020

ESTADO NEOLIBERAL, PANDEMIA, RICOS Y POBRES

La beligerancia actual de la derecha neoliberal es semejante a la de la bestia que defiende su madriguera. Despojada por la pandemia de sus maquillajes y afeites, exhibe la crudeza de una fealdad que repele y que pretende ocultar a grito destemplado, haciendo malabares para que miremos a otro lado; acusando, mintiendo, echando mano a trillados infundios para evitar que se le pida cuentas por haber desmantelado al Estado, permitir el saqueo de los recursos naturales, quebrar el aparato productivo que tiene como correlato la monstruosa informalidad, haber despojado a la mayoría de peruanos de sus derechos más elementales, como empleo digno, vivienda, salud y educación de calidad.
Cuando el neoliberalismo se desgañita oponiéndose al estatismo no es que esté en contra del Estado; a lo que en realidad se opone es a lo público; según esta lógica el Estado es bueno siempre y cuando esté al servicio de intereses privados, malo si se coloca al servicio de lo público, es decir en beneficio de las grandes mayorías.
Durante los últimos 30 años los grandes empresarios bien que se han servido del Estado para sus propios fines, al amparo de la Constitución de 1993 que el fujimontesinismo impuso a sangre y fuego. Es a través de las instituciones del Estado —el Ejecutivo, el Parlamento, el Poder Judicial, el Ministerio Público, las fuerzas armadas y policiales— que se llevaron a cabo e impusieron las reformas neoliberales con el objetivo de enriquecer más a los más ricos a través de las privatizaciones, la entrega de los recursos naturales, las exoneraciones tributarias, los lesivos contratos de estabilidad jurídica, la usura financiera, la sobreexplotación de los trabajadores.
Este Estado, el Estado mínimo, el Estado subsidiario del mercado, instrumento funcional al festín neoliberal es lo que está ahora en crisis. Este Estado que, además, el modelo ha corrompido hasta la médula, es el que ahora se encuentra incapacitado para hacer frente a la pandemia del COVID-19. Sin embargo, en medio de la tragedia y cuando la situación exige que se tomen políticas públicas drásticas para amenguar el padecimiento de los peruanos, los grandes empresarios permanecen al acecho enseñando los dientes para impedirlo.
Han logrado que el mayor porcentaje de los fondos que el gobierno dispuso para afrontar la emergencia se canalice hacia el rescate de sus negocios y al sector financiero, que se proceda al despido de los trabajadores disfrazado de suspensión perfecta, que se autoricen las actividades económicas relajando las medidas de seguridad de los empleados. Ahora hacen un cierrafilas para impedir el impuesto a las grandes fortunas y cualquier otra medida que los afecte en lo más mínimo. “Populista”, es la palabra de moda que usan para descalificar a quienes promueven que el Estado recupere su rol ordenador de la economía, implementador de políticas públicas para garantizar el bienestar de las mayorías, garante de los derechos ciudadanos.
La señorona columnista de El Comercio Diana Seminario, de la misma cepa reaccionaria que su colega Maki Miró Quesada y la mandamás de la Confiep, María Isabel León, se pregunta candorosamente si es más importante reducir la pobreza o reducir la desigualdad, como si una cosa no tuviera nada que ver con la otra. Obvia el hecho que la concentración de la riqueza en pocas manos tiene como contraparte la pobreza de muchos y que la desigualdad y las brechas sociales se han hecho mucho más profundas con la aplicación de este modelo que además refuerza el segregacionismo, la xenofobia, el racismo, el machismo, la antidemocracia y destruye la naturaleza.
La pandemia está desnudando las miserias del modelo neoliberal, es cierto; pero traérselo abajo y abrir un nuevo rumbo al país requiere disputar la mente de la gente, sembrar conciencia, organización y disposición a asumir esta tarea histórica. A ello hay que dedicarle los mayores esfuerzos.
Por: Manuel guerra

jueves, 7 de mayo de 2020

NUESTRO PRESIDENTE SE HA DADO POR RENDIDO CON NOSOTROS


Y no porque "no haya tenido las agallas de luchar contra este virus letal e invisible", sino porque se cansó de ver cómo la irresponsabilidad de tantos peruanos no ha permitido el ansiado descenso de la curva que se pronosticó para estos tiempos y en lugar de llegar se ve cada vez más lejano.

Mire la televisión, escuche la radio, miles de personas ya dejaron la cuarentena y salen de sus casas como si nada, creyéndose intocables, trasladando el virus y eso al Estado ya le cansó.

Por eso este 11 de mayo nos dejarán salir a la calle, porque ya no tiene ningún sentido seguir manteniendo económicamente al pueblo con bonos si al final no cumplen con el aislamiento social.

Incluso el Dr. Ciro Maguiña, quien era el principal vocero de seguir la cuarentena, ha dicho que ya no sirve de nada mantenerla, puesto que no ha dado los resultados esperados, y que es una lástima.

Amigos, estamos en la fase 4, la que además de más contagios, la semana de este 11 de mayo será una cacería salir a las calles, buscar a la muerte sin ningún sentido, prácticamente el gobierno está dejando que la vida haga su propia selección natural y nos dejan a nuestro libre albedrío.

SOMOS ADULTOS, RAZONEMOS.
Mucha gente ese día saldrá en manada, ¿acaso no se dan cuenta que levantar la cuarentena no significa que no haya peligro allí afuera? ¿De qué se alegran, de qué se emocionan?, si el virus sigue allí, sin controlarse, esperándonos fuera de casa.

La Ex-Ministra Dra. Pilar Mazzetti dijo el día de ayer que es momento de que cada quien se cuide... que es el momento en que la cuarentena voluntaria se empiece a notar, cada quien decide amigos.
Somos uno de los países con mayor tiempo de confinamiento y estamos yendo por la ruta de Brasil, que nunca tuvo aislamiento. Nosotros sí y seguimos aumentando los casos.

Seamos como los países del primer mundo, aquellos con ciudadanos con amor por la vida y con criterio propio, aquellos a los que no es necesario perseguir con policías y llevarlos a casa, aquellos que saben cuidarse solos.

Los invito a partir del 11 de mayo a ser parte de la población consciente, no salga más de lo que sale ahora, siga en cuarentena por lo menos 2 semanas más, mire las noticias todos esos días y dese cuenta que las muertes van a comenzar a dispararse y todo será un caos total.

Estamos en cuarentena y la gente sigue saliendo y la curva sigue subiendo. ¿Puede usted imaginar lo que va a suceder ahora sin cuarentena que nos están "soltando" en pleno momento crítico?
Observe las muertes que van a aumentar y en base a eso tome sus decisiones, decida salir cuando se entere que la curva al fin empieza a bajar, sólo en ese momento podrá tener algo de certeza de que el virus no está pululando en mayor cantidad.


Sabemos que sólo cuando el virus ya no exista podremos tener tranquilidad, mientras tanto no.
Siga sus procedimientos de limpieza de forma exhaustiva, aunque le aburra, aunque se sienta paranoico, agradezca que está sano en casa, y refuerce sus ánimos al verse bien de salud pues eso significa que está haciendo las cosas bien, lavando y desinfectando cada cosa que entra a su hogar, que es su único refugio y lugar seguro.

El mínimo descuido puede dejar entrar a este virus maldito, invisible y tan acechante, pero si usted es responsable y constante lo podrá evitar. Sea fuerte, tenga temple.
¡ Aboguemos por la cuarentena voluntaria !

No viaje, no crea que este 11 de mayo volvemos a la normalidad, sólo seremos liberados por un gobierno que se preocupó por nosotros, pero sin nuestro apoyo y ya se cansó.
Recuerde que si se enferma y pone grave hay camas, hay ventiladores, pero ya no tenemos siquiera Oxígeno.

Nadie nos ayudará a recuperar el último aliento, nadie nos podrá salvar del último suspiro por falta de aire.
¡Por favor, sea consciente!

Apoyemos al gobierno desde nuestro interior, con sensatez, hagamos la diferencia frente a tanta gente irresponsable que piensa que esto no es nada, que no valora la vida, que expone a los demás.
¡ YO HARÉ UNA CUARENTENA VOLUNTARIA HASTA FINES DE MAYO !
¿TE UNES?


Si estás de acuerdo y compartes la responsabilidad social y de salud pública. Comparte éste Mensaje solo por convicción, no como una “cadena de tipo religioso o de otro engaño.

 ¡ES TIEMPO DE PROTEGERTE Y PROTEGERNOS !
Por: Julio Céspedes Olórtegui 

miércoles, 15 de abril de 2020

UNA MUTACIÓN NO DEMOCRÁTICA


En la pandemia se han difundido diversos términos que ya son de uso universal, uno de ellos, el paciente cero; primer paciente infectado e hilo de seguimiento para otros posibles contagiados. Los acontecimientos políticos, económicos, sociales y sanitarios, suscitados en el actual escenario del coronavirus también tiene un punto cero; un antecedente, una realidad o una explicación.

Es decir, entramos a la pandemia con tendencias objetivas y una correlación de fuerzas claramente definida; adicionalmente actores poderosos por un lado, débiles y desempoderados por el otro. Martín Vizcarra, dijo en su sexto mensaje el 21 de marzo que esta situación era una guerra. Pues bien, en esta guerra no todos tienen las mismas armas para defenderse; incluso un buen sector, el más desprotegido, no tiene más armas que su deseo de vivir, en realidad sobrevivir a esta coyuntura extraordinaria.

La decisión de iniciar la cuarentena en el Perú el 16 de marzo, anunciada por el propio Vizcarra horas antes, no tuvo nada de originalidad, menos de proeza estratégica como pretenden hacer suponer algunos medios internacionales como la BBC Mundo, Venezuela y Ecuador con distintos resultados comenzaron la cuarentena ese día, en México se adelantaron las vacaciones escolares días antes y en Colombia se suspendieron las clases el 14 de marzo en todos los niveles, después tomarían medidas adicionales.

La pandemia no ha modificado la esencia de sus protagonistas, ni las posiciones de clase, menos los sacrosantos intereses políticos y económicos de los dueños del Perú. No tenía, no podía ser de otra manera. La historia de la lucha de clases de la humanidad está llena de ejemplos al respecto.
Al contrario sectores políticos conjuntamente con grupos empresariales en el Perú han aprovechado las circunstancias tan complicadas, el miedo y la incertidumbre de la gente para alcanzar beneficios, algunos de ellos bajo sospecha de corrupción. Recordamos el asombroso costo de mascarillas de 4.3 millones de soles y las denuncias de compras irregulares en varios hospitales del ministerio de salud.
La gestión gubernamental del coronavirus ha significado un “olvido” de las organizaciones sociales en este proceso, de tal manera que el comportamiento oficial se desenvuelve como si las mismas no existieran, sin convocarlas, sin consultarles, sin ni siquiera mencionarlas. Cero democracia.

El gobierno conformó un llamado comando para atender el Covid19 presidido por una ex ministra de los regímenes de Toledo y Alán García, a su vez este designó a dedo comandos regionales y varios de ellos encabezados por generales del ejército. Los gobernadores del macro región sur del Perú (6) emitieron un comunicado lamentando estos hechos, muy lejos de ser democráticos.
Se pretende hacernos ver a los militares como los salvadores de la crisis sanitaria, hace unas horas se estableció el programa “Te cuido Perú” con la finalidad de vigilar a infectados de coronavirus que permanecen en sus viviendas y a las personas que habitan en ellas.¿ Quién dirige el Programa? el Ministerio de defensa, el ministro del área acaba de informar que los representantes de los otros sectores serán apoyo. Tenemos a militares reemplazando a civiles y a un gobierno cediendo funciones.

Una perla adicional, ahora en el ámbito del trabajo, es el reciente Decreto de Urgencia 038 en el cual se regula la suspensión perfecta de labores, que significa se suspende la obligación del trabajador de prestar servicios; asimismo la obligación del empleador del pago, manteniendo el vínculo laboral. Por supuesto en el ordenamiento legal peruano esta figura la activa sin mayor remedio el empleador. Hemos leído argumentos de importantes funcionarios que debemos cuidar al trabajador pero que más importante es el puesto de trabajo. Mezquindad, lógica neoliberal. Otra vez el costo más alto de la crisis la pagan los trabajadores. Evidentemente esto no puede ser democracia.

UNA VISIÓN, UN CAMINO
Es un mandato revolucionario transformar el mundo, el país. Es una tarea ineludible forjar conciencia, superar las condiciones de estas circunstancias críticas del coronavirus; afirmando una conciencia que entienda los problemas de fondo, el punto cero, el camino del Nuevo Curso hacia el socialismo y por consecuencia la organización a la altura de cumplir esta voluntad emancipadora, asumiendo consecuentemente el legado del Amauta José Carlos Mariátegui.

Por: Eleazar Briceño

sábado, 11 de abril de 2020

LUCHA DE CLASES EN TORNO AL CORONAVIRUS


Durante los últimos 30 años los fanáticos acólitos del credo neoliberal se dedicaron consciente y sistemáticamente a arrebatarle al pueblo el derecho a la Salud de calidad. Para ellos se trataba de un lucrativo negocio privado y, por tanto, había que desmontar los sistemas públicos, reducirle el presupuesto, convertir los hospitales en tugurios para obligar a la gente a acudir a las clínicas privadas. Otro tanto pasó con la Educación, con el sistema de pensiones para permitir el robo descarado de las AFP, con las cooperativas de ahorro para favorecer a la usura de los bancos, con el transporte y todo lo demás.

El rol del Estado fue reducido a subsidiario del mercado, las instituciones corrompidas y los grandes grupos empresariales, a través de manejos mafiosos, se dedicaron a lucrar y obtener millonarias ganancias sin que el Perú y su gente les importasen un comino. La gran mayoría de la población siguió sumida en la pobreza aun cuando las cifras macroeconómicas indicaban una situación boyante.
Esos mismos empresarios conchabados con los “cuellos blancos”, compinches del fujimorismo, cófrades del Club de la construcción, beneficiados con exoneraciones tributarias, con las grandes obras de irrigación, con la impunidad para arrasar con los bosques, envenenar ríos y lagunas, atropellar los derechos de las comunidades campesinas y nativas, impusieron, asimismo, la flexibilización laboral y la política de los sobrecostos laborales para sobreexplotar a los trabajadores y quitarle sus derechos conquistados. El modelo que impusieron provocó la gran informalidad que caracteriza a la economía peruana, el crecimiento del desempleo, el incremento de la criminalidad y el narcotráfico.

Y ahora, en esta grave crisis y emergencia provocada por el COVID-19, estos adoradores del becerro de oro no quieren verse afectados en lo más mínimo y reclaman al Estado, que, con dinero de todos los peruanos, se proceda al rescate de sus empresas y, además, se les dé carta libre para proceder a los despidos masivos de trabajadores. No solo eso; pretenden que el 12% del PBI anunciado por el presidente para enfrentar la emergencia sea manejado por la banca privada, claro está con el consiguiente pago de comisiones y cobro de intereses por los créditos a otorgar.

El economista Pedro Francke pone en evidencia el desequilibrio del destino de estos fondos: Mientras que la ayuda social orientada a los sectores populares alcanza apenas el 0,4% del PBI y el monto anunciado al auxilio de las pequeñas empresas es de 300 millones de soles, por su parte las grandes empresas y bancos recibirán 30,000 millones de soles por concepto de rescate financiero. Asimismo, el presupuesto anual del 2,3% del PIB que recibe el sector salud, solo será incrementado en menos del 0,2% por esta emergencia.

Es decir que las brechas sociales y contradicciones de clase no se diluyen en esta emergencia, ni tampoco el contenido de clase de las decisiones gubernamentales. A estas alturas no es un secreto que, frente a la falencia del sistema de salud pública, el peso principal de contención del contagio descansa en la cuarentena y aislamiento social, lo cual coloca en una situación crítica a los millones de pobladores que no cuentan con el bono, o que el bono es insuficiente y que se ven impelidos a romper las reglas para poder sobrevivir. En tales condiciones las medidas restrictivas van a resolverse no por el lado de la argumentación y el convencimiento, sino por el autoritarismo que la derecha pretenderá afianzar y extender más allá de la emergencia para conjurar el riesgo de un desborde popular que exija un cambio verdadero y opuesto al modelo que se ha impuesto a lo largo de las tres últimas décadas.

Es indudable que una crisis como la presente afecta a todos, pero las clases dominantes siempre van a pretender mantener sus privilegios y que el peso principal del desastre lo paguen los más pobres; así ha sido siempre y así es ahora.

Por ello, resolver el dilema del escenario que se abre después de la crisis implica una lucha que hay que emprenderla desde hoy, defendiendo los intereses de los sectores populares, exigiendo que la salud y educación de calidad se conviertan en derecho inabdicables de los peruanos, otorgándoles no menos del 6% del PBI, se proceda a la construcción del sistema nacional de salud pública, se impida los despidos de los trabajadores, se incremente y extienda el bono a los más necesitados, se preste atención especial a la pequeña y mediana empresa que generan el mayor porcentaje de puestos de trabajo, se disponga de ayuda efectiva a los pequeños agricultores, comunidades campesinas y pueblos indígenas. Solo de este modo se logrará garantizar la efectividad del aislamiento social, la fortaleza del sistema de salud pública, garantizar la soberanía alimentaria, a la vez enfrentar el impacto en la economía, en un proceso donde debe afirmarse la democracia, la participación del pueblo organizado, conjurando el camino autoritario que maquinan los sectores reaccionarios.


domingo, 5 de abril de 2020

SECTORES SOCIALES EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS (COVID-19)


La pandemia del nuevo coronavirus ha trastocado el sistema y modelo imperante en el mundo y cada uno de los países en la medida que pone en el centro del debate la vida del ser humano, una disyuntiva entre la vida y la muerte, por ende el rol de la salud, la educación y la seguridad social en tiempos de crisis o de la pandemia del COVID-19. 

Las respuestas de los gobiernos no se han dejado esperar con medidas drásticas como el confinamiento o distanciamiento social incluido los estados de excepción o emergencia para contrarrestar o mitigar la expansión de la epidemia en mención.

Como toda crisis tiene dos dimensiones la dificultad y la oportunidad, la primera constatación que surge es la fragilidad de los sistemas de salud, educación y seguridad social en países como el nuestro de hegemonía neoliberal, como consecuencia del abandono de parte del Estado por más de tres décadas a la Salud, la Educación y Seguridad Social públicas gratuitas, de calidad para todos. Ha desnudado la inviabilidad e insostenibilidad de la salud, la educación y seguridad social como mercancía, sujeto a leyes del libre mercado de la oferta y la demanda.
Los mercaderes de la educación, la salud y la seguridad social están a la defensiva sujetos a las decisiones del gobierno y el Estado, ven el peligro de sus fines lucrativos, la rentabilidad de sus ingresos, la competencia desleal, lo más preocupante la incertidumbre en que se encuentran porque en adelante la agenda del fortalecimiento de la educación, la salud y la seguridad social públicas, gratuitas y de calidad para todos, no sólo es una necesidad sino un imperativo.

La solidaridad para el sector empresarial que ha acumulado ingentes recursos económicos a costa de los trabajadores y las privatizaciones es inexistente en tiempos de coronavirus y post coronavirus. La mejor demostración es la respuesta de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs) que esgrimen diversos argumentos para desvirtuar la devolución parcial de los fondos de Compensación por Tiempo de Servicios (CTS) propuesto por el gobierno y el silencio cómplice de los grandes consorcios educativos privados.

La centralidad de la persona como fin supremo de la sociedad, el valor de la vida, la relación armoniosa del hombre con la naturaleza, preservar el ambiente, la realización como ser humana, el desarrollo o superación profesional, técnica, laboral, el trabajo digno, el acceso a los servicios sociales de calidad, la cultura y la belleza son consustanciales a todos los seres humanos. 
Tres décadas de neoliberalismo en el Perú ha significado la negación de los derechos fundamentales de la persona, corroborando la sentencia del Papa Juan Pablo II de entonces, que el neoliberalismo era expresión del capitalismo salvaje.

En ese sentido,  las reformas políticas a plantearse de fondo, las decisiones políticas, los recursos financieros y la voluntad política tiene que ir orientado a la construcción de nuevos hospitales y Centros de Salud, la reconstrucción, la ampliación y de mejoramiento de su infraestructura, el acceso a servicios sanitarios básicos, su respectivo equipamiento para cubrir las brechas en este aspecto; acceso a las nuevas tecnologías, la dotación del personal idóneo con Médicos, Enfermeras, Técnicos y trabajadores administrativos y de servicios con remuneraciones dignas, actualización permanente, su formación en servicio y comprometidos con la salud pública y el desarrollo del país. Servicios públicos de salud, de calidad para todos, en el marco de la concepción de la salud como derecho humano y no como mercancía.

En el terreno de la educación, hay muchos aspectos que evidencian la vigencia de propuestas de cambio social:
La educación como derecho humano, como factor clave y vehículo del desarrollo económico, político, social y cultural de un país, la mejor demostración de  países de la órbita capitalista y socialista, de post guerras mundiales que han salido a flote es debido a políticas de Estado orientadas a priorizar la educación, por invertir en educación, por revalorar y dignificar a los educadores y los trabajadores en el sector educación, por vincular a la educación con el proyecto desarrollo de sus respectivos países a mediano y largo plazo, con políticas de Estado que trascienden a los gobiernos de turno, además de invertir en la investigación en el campo científico y tecnológico.

El neoliberalismo en educación no sólo ha mercantilizado sino que ha promovido el individualismo, la alienación y enajenación en la juventud, la competencia desleal, el arribismo, el pragmatismo utilitario, dejando de lado la conciencia con los grandes valores e ideales de bienestar, soberanía, justicia social, democracia, solidaridad, moralización, seguridad ciudadana, descentralización e identidad nacional.

La educación para cubrir el enorme déficit de infraestructura y equipamiento con relación a las brechas existentes en la actualidad, requiere invertir en lo que respecta a la construcción, reconstrucción, ampliación, mejoramiento, mantenimiento, equipamiento de las instituciones educativas con laboratorios, bibliotecas, aulas de innovación pedagógica con computadoras personales (laptop), proyectores multimedia, acceso a servicios sanitarios básicos, acceso a servicios de internet con suficiente cobertura. 

En Instituciones de Jornada Escolar Completa (JEEC) resolver la alimentación escolar de los estudiantes mediante comedores estudiantiles teniendo en consideración al horario prolongado y la situación socio económica de los padres de familia de las escuelas públicas.

No existen reformas educativas sin educadores, Auxiliares de educación, trabajadores administrativos y de servicios dignamente reconocidos, valorados y obviamente remuneradas como sujetos de derechos, de los educadores como profesionales e intelectuales, con actualizaciones permanentes, con formación inicial y continua de calidad, con identidad institucional y desempeño profesional competente en su dimensión metodológica, investigativa y orientadora.

La triada escuela, familia y comunidad, no es un simple enunciado, para tener el éxito educativo, es necesario del concurso de estos tres componentes: la escuela como la institución organizada para llevar implementar el currículo, la familia como núcleo fundamental de la sociedad y la comunidad con sus instituciones asume el rol de la sociedad educadora, vale decir la educación como tarea de todos.

Con relación a la educación a distancia, en la educación no formal,  es decir fuera de los marcos institucionales de la escuela, asume un rol importante los medios de comunicación de masas, sin embargo, su contribución a la educación y cultura, recreación entretenimiento es mínima o escasa, por el contrario, predomina básicamente en los medios de comunicación de alcance nacional la ausencia de contenidos educativos y culturales, resalta la difusión de los antivalores y su rol meramente informativo, no existe coherencia ni coordinación entre lo que orienta el Ministerio de Educación y los medios de comunicación de masas. 
Si hay que valorar a la pandemia del coronavirus en este aspecto, ha permitido poner en debate y rescatar a educación a distancia a través de la televisión y radio que se había dejado décadas atrás, hoy se hace realidad mediante el programa “Aprendo en Casa” que sin duda se irá perfeccionando y darle continuidad será un reto, comprometiendo a los medios de comunicación de alcance local, regional y nacional. Los medios de comunicación son agentes formadores de las personas que influyen en la consciencia de las mismas, por ende su contribución para complementar y fortalecer lo que hace la educación institucionalizada desde educación inicial hasta la superior es clave.

Con relación a la educación virtual haciendo uso del internet con las Tecnologías de la Información y la Comunicación, es muy importante que complementa la labor de la escuela y de los educadores. Es un reto a tomar en cuenta, los avances vertiginosos de la ciencia y la tecnología en la educación, en la escuela y el hogar que contribuyan a la formación de calidad de nuestros estudiantes, entornos virtuales generados por las TICs, plataformas virtuales, herramientas y recursos virtuales que permiten complementar y optimizar el proceso pedagógico. La plataforma virtual “Aprendo en casa” es una nueva experiencia de poner al servicio de la educación el uso de nuevas tecnologías vía internet por parte del Ministerio de Educación. 

Los profesores, padres de familia, la familia en su conjunto juegan un rol importante en guiar a los menores. Obviamente no llegará a todos pero el sector social que cuenta con computadoras y/o celulares con acceso a internet, serán beneficiados.

La seguridad social y el sistema pensionario también están en cuestión. Se advirtió que las AFPs no eran la mejor alternativa como régimen pensionario para los trabajadores que aportan mensualmente montos exorbitantes como es el 13% de sus ingresos, siendo un fondo individual forzado, administrado por empresas privadas con fines de lucro, donde el fondo individual está sujeto a los años de aporte que no necesariamente cubrirá todos los años de existencia del pensionista dependiendo de las cláusulas del contrato, donde el descuento por  comisiones son mecanismos de lucro de las AFPs, el aval del Estado por permitir que el 50% de sus acciones pueden ser invertidos en el extranjero y tener la posibilidad de jugar dichas acciones con la bolsa de valores, ponen en riesgo latente los fondos de los trabajadores y pensionistas. No es casual que han dado grito al cielo cuando se ha planteado el adelanto a los trabajadores del 25% de las CTS. La realidad de las pensiones de trabajadores tanto del sistema de privado (AFP) y el Sistema Nacional del Pensiones (ONP) son irrisorias que están en promedio por debajo de la Remuneración Mínima Vital de los 930 soles, en el magisterio en particular hay pensiones de 400 o 500 soles, montos que resultan insultantes para la dignidad de las personas y profesionales. Razón suficiente para la reforma integral pensionaria en nuestro país y el acceso a servicios de calidad en EsSalud. 

Las pensiones deben ser el equivalente a la remuneración de la primera escala de los maestros y similar para los auxiliares de educación, trabajadores administrativos y de servicios. La gran diferencia del Sistema Nacional de Pensiones que si bien descuenta a los trabajadores en el orden del 13% de sus ingresos pero el fondo pensionario es común y solidario  a cargo del Estado, de tal modo que garantiza su pensión hasta el último mes de su existencia.
 Por: Nilver Lopez Amez

miércoles, 1 de abril de 2020

SISTEMA PRIVADO DE PENSIONES: DESNATURALIZACION Y ESTAFA


Luego de 27 de años de creación podemos aseverar que en lugar de llamarse como Sistema Privado de Pensiones (SPP) debería haberse llamado Sistema Privado de Ahorro Forzoso (SPA).
En su nacimiento (fines de 1992), los empresarios de las AFPs decían que las pensiones otorgadas iban ser superiores o mejores a las otorgadas por el D.L. 20530 y el D.L. 19990. Y con el apoyo incondicional de los medios masivos de comunicación y del Estado (Parlamento y Ejecutivo), lograron captar cerca de 4 millones de personas. Ahora no se garantiza la pensión. Hoy se habla que solamente habría 2 millones y medio de aportantes.

El señor Presidente de la República, en el periodo estado de emergencia ha manifestado que las AFPs deberán devolver hasta 2000 soles de fondos o aportaciones realizados a favor de alrededor de 2 millones y medio de personas. Y en el Congreso de la República han presentado un proyecto de ley para que devuelvan las aportaciones realizadas.

En sus inicios el Sistema Privado de Pensiones creado por D.L.N° 25897, que se encuentra vigente desde fines de 1992 y su Texto Único D.S.N° 054-2007-EF, establecían que para tener una pensión mínima el aportante debe tener 65 años de edad y 20 años de aportación mínima y dicha pensión tendrá hasta donde alcance su fondo individual. No hay jubilación adelantada, salvo que el trabajador se encuentre desempleado durante un año y tenga como mínimo 55 años y 20 años de aportaciones. En cualquier caso, estaría bajo el retiro programado.

Como se puede deducir, las AFPs no garantizaban las pensiones adecuadas o dignas, porque el mismo D.L.N° 25897 y las normas posteriores que modificaron o ampliaron, solamente estaban para el enriquecimiento de los administradores de fondo de pensiones. Incluso llegando al extremo de captar o inscribir a trabajadores que recién iniciaban a laborar ( Ley N° 26504), si en caso no solicitaban pertenecer al Sistema Nacional de Pensiones del D.L.N° 19990 dentro de los 10 días de haber iniciado a laborar. Es decir, inscribir sin su consentimiento y bajo el amparo de los neoliberales privatizadores que se encontraban en el aparato estatal. En el fondo para desmantelar a la ONP.

Conforme han transcurrido los fondos de pensiones (ahorros) fueron invertidos en diversos rubros de las entidades (empresas) privadas nacionales e internacionales y lógicamente obteniendo jugosas utilidades y sin favorecer las pensiones de manera indefinida.

Luego en los últimos años mediante la Ley N° 30425, la AFPs pueden otorgar pensiones programadas o retiro de 95.5 % de sus aportaciones a favor de aquéllos que tienen requisitos. Con dichos actos si el aportante decide por la pensión ya sabemos que es una pensión baja y nada digno; y si retira las aportaciones, las AFPs no tienen la obligación de otorgar la pensión por que se extinguió. De simple se “lavan la mano” . Claro ya ganaron y no les interesa los millones de aportantes, es decir, el ser humano no es el centro de su atención, sino la ganancia o el lucro.

En el supuesto caso, que devuelvan las aportaciones, la pregunta es: ¿cuánto será? . En su mayoría se calcula entre 20 000 hasta 80 000 soles. También en el supuesto que un aportante tenga 65 años y viva 10 años más, ¿cuánto tiempo durará las cantidades devueltas? . En el mejor de los casos hasta 3 años. ¡Se acabó el ahorro devuelto y sin pensión!.

Por eso, señalamos que las AFPs no tiene nada de sistema de pensiones. En razón que la figura legal y ética de pensión ( parte importante del sistema de seguridad social) HA SIDO DESNATURALIZADO o distorsionado a “vista y paciencia” de los gobiernos neoliberales de Fujimori, Toledo, A, García, O. Humala, PPK y el actual gobierno de Vizcarra; y lógicamente con la anuencia y sumisión del Parlamento de la República. Los dueños de las AFPs, como Romero, Boloña y otros, hacen y deshacen de dicho sistema. He ahí la estafa del siglo de los privatizadores bajo el manto de la teoría de los hechos cumplidos que es la base de la actual Constitución Política del Perú en contra de los derechos adquiridos.

Como se comprenderá el asunto de fondo no son las devoluciones de las aportaciones, sino son las pensiones que están en tela de juicio. Al devolver se resolverá coyunturalmente la situación de miles de aportantes, pero no garantizará ninguna pensión de la inmensa mayoría que aportaron 15, 20, 25, 30 o más años.

¿Qué se debe proponer?

La alternativa viable es una reforma pensionaria que garantice pensiones dignas, desechando al Sistema Privado de Pensión porque han fracasado y no tienen ninguna alternativa, salvo para defender sus utilidades o ganancias.

Dicha alternativa debe pasar por retomar los principios del Sistema de Seguridad Social, como son: solidaridad, Universalidad, Integralidad, Unidad, Imprescriptibilidad, Igualdad, Inmediación y transparencia.

La administración debe estar a cargo del Estado con la participación de los aportantes y/o pensionistas.

Específicamente, en razón que las AFPs no garantizan las pensiones, la desafiliación debe proceder para garantizar las pensiones. Y mientras dura el proceso de desafiliación y la transferencia, los retiros de las aportaciones deben ser voluntarios. La devolución o la desafiliación a los aportantes con menos de 20 años deben ser de inmediato.
Por: Emeterio Leon Arone.